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“Argentinos me ayuda a ser mejor persona”

Leandro Saracho, delantero de la Sexta, cuenta cómo el club cambió su vida en apenas un año. Dice que está “en primer lugar” en su lista, habla de la vida en la pensión y sueña: “Quiero que mi nombre esté en el CEFFA”. 

“Cuando llegué me dijeron que la Sexta era una de las mejores categorías del club y yo pensaba: ‘¿Cómo voy a encajar acá?’”. Leandro Saracho (17) creció frustrando arqueros en la Liga de Salta pero, cuando llegó a Argentinos en 2020, brotaron las inseguridades. Ni siquiera tenía cinco años y ya dormía abrazado a la pelota en su casa de Tartagal, donde pasó por varios clubes durante la etapa de Infantiles y Juveniles. “Es distinta la forma en la que se dividen las categorías. Por ejemplo, estaba por pasar a Cuarta y ya estaba jugando en la Primera de allá”, explica.

Su amor por el fútbol no surgió solo: Pamela Diez, su madre, le inculcó esa pasión que la marcó de chica y nunca se perdió un partido de él. Porque, en su familia, calzarse los botines y corretear por la hierba es casi una tradición. “Todos de delanteros, como yo”, aclara el juvenil. Incluso Eduardo, su abuelo paterno, se lucía jugando de 9 durante su juventud. “Dicen que era bueno. Cada vez que me ve me tira algún consejo, ja”, avisa. Y no pudo evitar continuar el legado: “Mi meta siempre fue llegar a Primera. Todos se rompieron el lomo para que yo esté acá. Ahora me toca a mí dejar todo para lograr eso. Quiero que mi nombre esté en el CEFFA”.

Es cierto que sus primeras horas en La Paternal estuvieron lejos de ser las deseadas. Mientras compartía la prueba con varios otros chicos que buscaban lo mismo, el roce que había experimentado en el Norte pasó a ser anecdótico. “Allá era muchísimo más fuerte. El día de mi debut salí con golpes muy fuertes en el tobillo y mi mamá no quería saber nada, ja”, recuerda. Aquella mañana, en la práctica, la realidad era otra: “Acá el fútbol es más rápido, muy distinto al de Salta”.

-¿Te costó adaptarte?
-Más o menos. Siempre venía a torneos en Buenos Aires con el club que jugaba, así que algo de roce tenía.

-¿Qué cambios notás?
-Uno de los grandes cambios, aunque no se vea, es la alimentación. Acá se preocupan mucho. En el Norte, en cambio, quizá hay muy buenos jugadores, pero les falta trabajo.

-¿Y los entrenamientos? ¿Son muy distintos?
-Hay una diferencia muy grande. Allá entrenábamos todas las categorías mezcladas. No quiere decir que el club sea malo, porque hay muy buena calidad de jugadores y profes, pero algunos días quizá íbamos cinco; otro día, 15; y otro, 20. El tema del compromiso también influye. En cambio, acá en Argentinos me lo tomo como un trabajo.

El fútbol no fue el único cambio al que debió adaptarse. También experimentó un nuevo estilo de vida al ingresar a la pensión, de donde destaca “el compañerismo y la solidaridad” como principales valores. “Me encanta vivir ahí. Los chicos -relata- tienen buena onda y desde el primer momento me trataron muy bien. Antes de ir tenía miedo, pero apenas pisé la pensión me explicaron todo y me sentí uno más”.

-¿En algún momento te generó dudas el hecho de tener que separarte de tu familia?
-Antes de viajar tuvimos una charla con mi familia y ellos tenían las mismas dudas que yo, pero la compañía de los chicos me hizo sentirme bien y no extrañar tanto mi casa.

-¿En qué creés que te cambió Argentinos durante este tiempo?
-En muchísimas cosas. Al encontrarme acá en Buenos Aires solo pienso que, si este club me abrió las puertas y me dio la oportunidad de demostrar lo que sé, ahora le tengo que dar todo. Argentinos me ayuda a ser mejor persona”.