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Para siempre, Diego

Murió Diego Armando Maradona, máximo exponente de El Semillero del Mundo. Nuestro homenaje.

Llegó el héroe al cielo de los hombres que escribió Soriano. Hombres que juraron sobre lágrimas sonreírle siempre a su nombre. Nombre que desperdigó gloria por el suelo, tantas veces en el césped y muchas otras en el barro. Barro en el que nació y se hizo gigante. Lo hizo gigante. Gigante como un corazón que latía por millones de personas, de la Argentina y de todo el mundo. Mundo que lo castigó y hoy se rinde a sus pies. Pies que caminaron en la angustia y hasta pudieron evitar al dolor. Dolor. Dolor es eso que hoy todos sentimos.

Lo sentimos porque entendimos que no iba a irse nunca. Nunca iba a irse, y ahora tampoco se irá. No se irán los recuerdos de Cebollitas ni los goles a los grandes. Grandes como Don Diego, cuyo lugar en la platea de Gavilán quedó y quedará. Quedará como siguen en el vestuario las charlas con Francis Cornejo y las migas de los almuerzos con compañeros. Compañeros que lo veían como a un amigo, pero también como a un ídolo. 

Un ídolo que no se irá porque nadie se va del todo. Y menos alguien que dio todo. Todo. El fútbol y la gloria eterna. La gloria eterna para un club como Argentinos, que soñaba con formar a los cracks del mañana. Y el mañana llegó tan pronto que La Paternal se transformó en cuna de ídolos. 

Una cuna que pasó a ser semillero. Un semillero que enamoró al mundo. Mundo que se sigue enamorando. Se sigue enamorando, pero él fue el primero. El primero de muchos. Muchos que quisieron ser él, pero sólo pudieron ser ellos. Sólo pudieron ser ellos porque él fue único. Él es único. Y no habrá igual.

No habrá igual, ni aunque todavía haya quienes nos inviten a soñar. Soñar con esas épocas en las que la cancha le sonrió a él. Le sonrió a él como le sonreímos nosotros. Nosotros, los que lo vamos a extrañar siempre. Siempre y para siempre. Para siempre, Diego Armando Maradona.