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“Argentinos te enseña algo todos los días”

Valentín Juárez Delfino, lateral derecho de la Quinta, dice que el club “es una parte importantísima” de su vida. Habla de su recorrido para ganarse la titularidad tras dos años sin jugar en AFA, marca la importancia de la autocrítica y cuenta cómo la pensión lo ayudó a crecer: “Es mi casa”.

“Cuando llegué sentía que había cumplido un objetivo y estaba inmensamente feliz. Los primeros meses me costaron, porque nunca había estado lejos de mi casa o de mi familia, pero con los chicos de la pensión te vas amoldando. A lo de no jugar no lo tomaba mal, porque sentía que no estaba para el primer equipo”.

Valentín Juárez Delfino ni siquiera alcanzaba los 15 años cuando decidió armar el bolso y recorrer los más de 700 kilómetros que lo separaban del CEFFA. Fue en Alta Gracia, ciudad de Córdoba, donde brotó entre los relieves su amor por el fútbol. Y entendió que su trayectoria tendría la misma dinámica que subir una de esas sierras entre las que se crió. Porque, desde el primer momento, debió caminar y caminar con el único objetivo de alcanzar el pico. 

Pero no la tuvo fácil en ese 2016, cuando hizo una prueba en Córdoba Capital para alistarse en Argentinos. “Hicimos un partido y me pidieron que me quedara hasta la tarde. Jugué otra vez y ahí me pidieron los datos… A los dos días me llamaron, que estaban interesados, pero que querían verme en Buenos Aires”, relata el lateral derecho de la Quinta. Y la pensión pasó a ser su nueva casa. “La vida ahí -cuenta- es estar con tus compañeros, que con el correr del tiempo se hacen hermanos. Nos cuidamos todo el tiempo y es una confianza distinta. Aparte, siento que estar ahí te hace madurar más rápido”.

-¿Por qué?
-Porque tenés que empezar a pensar de otra manera, a cuidarte solo, a resolver vos tus problemas… También te hace valorar cosas que antes las dabas por obvias y cuando llegás a la pensión las ves diferente. Por ejemplo, cada vez que vuelvo a mi casa trato de disfrutar más a mi familia, charlar con ellos y demás.

-¿Sentís que cambiaste algo en estos años?
-Fue una evolución muy grande. A lo mejor en el día a día no te das cuenta, pero desde afuera se nota. Lo que más cambié fue la forma de ver las cosas. Cuando llegué a Buenos Aires dije: “Qué lindo, estoy cumpliendo el objetivo de jugar en un club grande de acá”. Pensaba que no era tan difícil, pero con los años y el tiempo sí. Es otro estilo de vida. Tenés que tratar de estar bien y no extrañar tanto para poder cumplir objetivos.

-¿Aprendiste algo del club?
-Argentinos te enseña algo todos los días. Una de las cosas que más me queda es el sentido de pertenencia. Sé que mis amigos o chicos de cualquier parte del país quisieran estar en donde estoy yo y por suerte el lugar es mío. Soy un afortunado… El club es una parte importantísima de mi vida. Es mi casa.

Asentarse le llevó tiempo e incluso tuvo que cambiar para conseguirlo: no quedó nada de aquel volante que se probó en Córdoba. En Octava entró en apenas tres partidos y en Séptima otros cuatro, siempre desde el banco. Hasta que en 2019, luego de dos años de ir modificando su posición (primero fue volante central y después, zaguero), logró su mejor marca: fue titular en 27 cruces y convirtió un tanto ante Central Córdoba. “No me sentía mal por no jugar, porque sabía que para AFA no me daba. En Buenos Aires el ritmo es otro y sentía que no tenía eso”, explica.

-¿Cuánto te sirvió esa autocrítica para ganarte la titularidad?
-Fue muy importante. Si no la hubiera tenido, me habría fastidiado por estar dos años sin jugar en AFA. Me habría puesto triste, enojado y hasta preguntado por qué estaba ahí, perdiendo el tiempo y no con mi familia.

-Te sirvió la experiencia de años anteriores…
-Ni hablar. Cuando llegué no sabía defender: nunca había defendido un mano a mano. Ir bajando me ayudó mucho. No es que me dijeron “andá y hacé lo que puedas”, sino que me enseñaron a marcar, a poner el cuerpo, a cómo poner los brazos. Aparte, soy muy perseverante y no dejo que el fastidio me gane. 

-Perseverante. ¿También autoexigente?
-Sí. Cuando tengo un mal partido me quiero pegar a mí mismo. Pienso “cómo puedo ser tan burro, si eso lo puedo hacer bien” y me taladra la cabeza. Pero cuando termino de jugar y vuelvo a la pensión, hablo con mis papás y ellos me tranquilizan. 

-¿Cuánto extrañás Buenos Aires?
-Extraño entrenar, jugar, estar en la pensión y todo el ambiente futbolístico. Pero en cuanto a la ciudad me quedo con la tranquilidad de Alta Gracia. Aparte, acá tengo patio para entrenarme… Me pongo a pensar en los chicos que viven en departamento y siento que soy un afortunado.

-¿Qué hacés ahora que tenés más tiempo libre?
-Apenas arrancó la cuarentena dije que tenía que hacer algo, aunque sea para pasar el tiempo. Y así fue como empecé a leer… Eso que nunca agarraba un libro, eh. También le dedico tiempo a la cocina.

-Hoy, con un futuro incierto, ¿Qué expectativas tenés para este año?
-Mi idea el 1° de enero era volver a Buenos Aires y tener una muy buena primera mitad de año: jugar la mayor cantidad de partidos posibles y poder subir a la Reserva para hacer la pretemporada a mediados de año. Ahora, mi objetivo es que cuando se vuelva pueda estar de la mejor manera y sacarle diferencia al resto.

Valentín, quien pronto cumplirá 18, afronta la cuarentena -aunque en Alta Gracia estén en fase 5- como lo hace en la cancha. Aprendizaje constante y perseverancia, entiende, son las claves para afrontar la vida. Y, de la misma manera que sube las sierras con sus amigos, el cordobés busca seguir escalando porque en la cima está su gran sueño: ser profesional del fútbol.