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“Argentinos se transformó en mi vida”

Thiago Santamaría, lateral derecho de la Sexta, disfrutó del Clausura 2010 desde la tribuna y, ocho años más tarde, se sumó al Semillero. Dice que el club “es un sello” en su vida, habla del rol clave de su familia y deja una reflexión: “Millones de jugadores hacen sacrificios y son pocos los que triunfan”, afirma.

Rubén Pérez le dedicó cada año de su vida a ver brotar al Semillero del Mundo. Fue testigo de los primeros pasos de Diego Maradona, vio crecer a Juan Román Riquelme, disfrutó de las paredes de Claudio Borghi y se deleitó con la clase de Fernando Redondo. Frente a sus ojos desfilaron cientos de sueños, incluso los que no llegaron a ser. Pero solo uno flechó su corazón: el de su nieto Thiago Santamaría, quien milita en la Sexta División. “Mi abuelo -cuenta el juvenil- me llevaba a la cancha de Argentinos cuando era chico. Me acuerdo mucho del campeonato del 2010… El club es un sello en mi vida. Me marcó mucho y me sigue marcando”.

Thiago tenía apenas cuatro años cuando empezó a jugar al fútbol en su colegio. Poco entendía. Sabía que papá Ariel había hecho su recorrido hasta la Reserva de Talleres (RE) y que la historia de su familia materna se había forjado en La Paternal, pero no más que eso. “No era muy consciente, pero les agradezco”, dice. Pronto decidió darle forma a su pasión en la escuelita de Argentinos en Pilar hasta que impresionó a los captadores y, tras varias pruebas, se sumó al club hace dos años.

A pesar de sus condiciones, en el primer semestre de 2018 tuvo poca participación: hizo un proceso de adaptación en la Liga Metropolitana hasta fines de mayo, cuando lo citaron contra Lanús a una fecha de la semifinal. “Entré 15 minutos y, después de ese primer partido en AFA, estuve un mes y medio o dos sin jugar”, recuerda. Su siguiente participación fue en un amistoso, y luego dio el presente en el primer cruce del segundo semestre: “En el entretiempo contra Vélez el Negro Alarcón me dijo que entrara, que me había ganado mi lugar y desde ahí nunca perdí la titularidad.” Desde aquel entonces, Thiago acumuló 50 partidos y dos goles entre Octava y Séptima. 

-¿Qué creés que hiciste bien para ganarte la confianza del técnico?
-El sacrificio, las ganas y la humildad, que nunca se tiene que perder. La Liga Metropolitana está para demostrar que tenés nivel y a mí me motivó mucho la ayuda de mi familia para rendir ahí. No faltan a ningún partido, incluso si son lugares difíciles. Y encima van todos… ¡Hasta mis tíos! Es un apoyo incondicional.

-Entre el fanatismo por Argentinos y por el fútbol, ¿tu familia es de marcarte cosas?
-Cuando juego mal y entro al auto con mi papá, zafo porque tengo que llevar al Zurdo Morales. Pero, cuando se baja, arrancan las críticas… Encima a mí no me gusta mucho hablar cuando juego mal, pero está bueno tener su opinión. Yo me quedo callado porque, si no, sé que vamos a discutir.

-¿Cómo manejás la frustración cuando te equivocás en un partido? ¿Cambiás rápido el chip?
-Puedo hacer dos o tres bien y una mal, y siempre me quedo con la mala: algún grito del DT cuando hice algo mal o si lo que hice perjudicó al equipo. Me quedo maquinando desde ese momento hasta que vuelvo a entrenar. Ahí se me va todo.

El juvenil, de 17 años, pasó por varios puestos antes de consolidarse de 4. Empezó de 9 en la escuelita y después pasó a jugar de 5. Si bien Enrique Borrelli lo vio de volante central, en la prueba dijo que era 8. “En Argentinos quedé de 8, hasta que el Negro (Alarcón) me preguntó si me animaba a bajar al lateral. Me fascinó porque siempre salís jugando de frente y sos clave para la salida”, describe. Y vaya si le sirvió: “A veces cuando estamos perdiendo y el DT pone línea de 3, me manda de 8 que es una posición que ya conozco. Toda experiencia suma”.

-Los primeros meses no fueron los deseados, pero hoy la historia es otra. ¿Qué lugar ocupa Argentinos en tu vida?
-Es mi segunda casa y se transformó en mi vida. Todo lo que hago es para este club. Quiero que mi futuro sea acá, porque esto viene de antes: sin saber que iba a hacer Inferiores acá iba a la cancha con mis tíos, me regalaban camisetas…

-Tus primeros recuerdos de Argentinos son de 2010 y, hace poco, tuvieron una charla con uno de los referentes de ese equipo: Néstor Ortigoza.
-Fue algo loco, porque me acuerdo de verlo en la cancha cuando era chiquito y ahora me tocó hacerle una pregunta. Fue una de las charlas que más me marcaron.

-¿Por qué?
-Por su historia y su alegría. También la de Elías Gómez, que contó que a los 18 años se tuvo que ir a vivir solo a un departamento para poder dormir más y llegar fresco a los entrenamientos. Ahí te das cuenta de que no sos el único que hace sacrificios por el sueño. Ni vos, ni tus compañeros: son millones de jugadores que hacen el mismo sacrificio y son pocos los que triunfan.