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Memoria de una goleada

Recordamos el inolvidable triunfo de Argentinos por 12 a 0 ante Talleres de Córdoba un 26 de octubre de 1986, a través de la vivencia de un joven cronista.

El apuro era llegar temprano a casa para poder ver Fútbol de Primera, el programa ícono en materia futbolística en los años 80. Claro, no todos los días Argentinos hacía 12 goles en un partido. Sí, ¡doce goles! Al principio me costaba creer semejante goleada. Con mis 11 años a cuestas, viviendo ya los estertores de la infancia y disfrutando de los últimos tiempos de un ya devaluado Italpark, aquella tarde de domingo había transcurrido entre juegos y noticias de goles. Era ir al súper 8 volante y salir a buscar al señor de la puerta que seguía la fecha por radio, en épocas en que todos los partidos se jugaban el domingo a la tarde, salvo algún adelanto de viernes a la noche y nosotros los hinchas del bicho esperábamos el llamado milagroso de estudios centrales que anunciaban un gol propio o ajeno. Volver a los autos chocadores, y reiterar la pregunta sobre cómo iba el partido. Salir mareado de las tazas y recibir una contestación, a esta altura recurrente, positiva, feliz: “gana 3 a 0; gana 4 a 0; gana 5 a 0.” Creo que al 9 a 0 ya deje de preguntar y al irme tome consciencia del resultado final: 12 a 0. Estaba fresca la goleada a Central Norte de Salta por 8 a 0 en el arranque del Nacional 85, el día que el gran Pedro Pablo Pasculli hizo 5 goles. Pero tendría que haber ido a mis archivos de revistas a verificar en casa si antes habíamos logrado semejante resultado, siempre gracias al anuario Sólo Fútbol de 1985 que contenía todos los resultados del profesionalismo (y que todavía conservo).

Por eso la urgencia de llegar a casa. Esperar sigilosamente que llegara el momento del show de goles y poder ver los tres goles de Ereros, los dos del Bichi, el doblete del Pepe Castro, el de Domenech, el golazo del panza Videla, los dos de Olguín (uno como siempre infalible de penal)… ¿Qué había sucedido ese día para que se materializara tan tremenda goleada? ¿Es que volvíamos a ser la máquina del glorioso bienio previo? Podía ser, si apenas se había cumplido un año de la conquista de la Libertadores hacía dos días... Nada de eso. Simplemente, el plantel profesional de Talleres de Córdoba venía reclamando varios sueldos adeudados y después de la enésima negativa de pagos, decidieron no viajar a Buenos Aires para jugar contra nosotros. Debido a esta situación y ante la posibilidad de que la AFA sancionara a la institución cordobesa si no se presentaba a jugar, fue que decidieron concurrir a la Capital Federal con chicos de la cuarta y quinta división, que tenían entre 16 y 18 años de edad. En ese contexto, los medios destacaron el profesionalismo de los jugadores de Argentinos, que más allá de contar con una clara ventaja deportiva, jugaron con la misma seriedad como si se tratara del primer equipo de Talleres. De ahí que esa tarde se haya consumado la victoria con más goles de nuestra historia y la más abultada del fútbol profesional argentino sin goles en contra. De todos modos, la realidad de ese torneo que jugábamos no tiene relación con el resultado de ese día. Argentinos terminó en el puesto 17 de la tabla, con todo el dolor que generaba ver tan abajo al equipo cuando la efervescencia de los títulos y la gloria del pasado de corto plazo todavía estaba presente. Parecía una pesadilla ver a la base de ese equipo terminar en los últimos puestos. Es un dato categórico que en la estadística, esos 12 goles a los pibes de Talleres representaron el 24 % de los que marcamos en todo ese torneo 1986/86 ganado por Rosario Central, que venía de ser campeón de la B.

Pero yo quería llegar a casa, prender el televisor Sharp 24 color sin control remoto (algo impensado para estos tiempos) y ver los 12 goles del Bicho. Y así salí del Italpark, por última vez, casi corriendo, llevando a la rastra a mi hermano para tomar el 108 que nos dejaría después de una hora larga en casa, poner canal 7 y mirar a Araujo y Macaya como todos los domingos. Y esperar con paciencia de beduino que llegaran los goles de Argentinos, seguramente casi a medianoche. Por eso el apuro, el paso acelerado, la espera tensa en el semáforo de Libertador y Callao y no bien dio luz blanca el muñequito que indicaba paso, emprender la carrera. Sin tener en cuenta que los autos que doblaban por Callao para agarrar Avenida Libertador hacia el norte venían doblando, casi endemoniados. ¿Habrá sido hincha de Argentinos también el conductor de ese Ford Falcon que no quiso frenar, confundido quizá por mi frenada a mitad de la calle interrumpiendo la carrera al ver los focos del auto acercarse y esperar el impacto, como si hubiese quedado paralizado? Quizás. Tal vez. Los cierto es que volé por el aire y no me acuerdo más nada.

Me desperté rodeado de mi familia y tomé conciencia de que la cosa había sido grave. Después de unos minutos de aclimatación a la vida, pedí el diario… no había podido ver los goles que generaban mi apuro, eso está claro. Pero al menos quería leer la crónica, el título, las fotos, las estadísticas. Feliz, por la goleada de mi amado Argentinos. “Hoy es jueves” me dijeron, “estuviste cuatro días dormido”… Y ahí terminé de comprender todo. Respiré hondo y me resigné. Pero todavía estaba fresco el recuerdo de las noticias de los goles que iban llegando, la alegría del resultado histórico, más allá de las características del rival, el sueño de un chico de 11 años que en algún lugar de su alma imaginó que los buenos tiempos podían llegar a volver. Y ese día quedó en la memoria. En todos los sentidos de mi vida.

Autor: Hernán Gourdy (Departamento de Historia - A. A. Argentinos Juniors).

Imagen: Diario Clarín Deportivo (edición del 27/10/1986).