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La venganza del “gordito”

El Departamento de Historia recuerda el inolvidable Argentinos 5-Boca 3 del Campeonato Nacional 1980.


La primera fase del Nacional de 1980 venía siendo accesible para Argentinos. Si bien la zona era compleja, el equipo llegaba a la 12° fecha en el primer puesto. Tras una dura derrota visitando a Unión un miércoles, tocaba recibir a Boca en el José Amalfitani el domingo 9 de noviembre. Al día siguiente de enfrentar a los tatengues, el equipo disputó un amistoso en la ciudad santafesina de San Justo. Los muchachos llegaban exigidos y el equipo zeneize es de esos que siempre imponen respeto, a pesar de venir a los tumbos como pasaba en ese certamen. Nadie discutía el potencial del plantel dirigido por Antonio Rattín, con figuras de la talla de Pancho Sá, el Ruso Ribolzi, un joven Oscar Ruggeri y su insigne arquero Hugo Gatti. Precisamente, el Loco sería el segundo gran protagonista del partido que se venía…


Varios días antes, el guardameta hizo unas controversiales declaraciones al diario El Litoral de Santa Fe. Se refirió con algo de sorna a Maradona y afirmó que Diego era el mejor jugador del momento, pero que estaba preocupado por su cuerpo ya que “lo están inflando… y como tiene cierta tendencia a engordar, en pocos años va a terminar siendo un gordito”. Esas afirmaciones recién se publicaron el 31 de octubre, y fueron replicadas por La Razón de Buenos Aires el sábado 8 de noviembre, en la previa de Argentinos-Boca.


¿Sabría Gatti que la rabia era el mejor lubricante para esa máquina perfecta de fútbol? Probablemente no. Quienes sí estaban al tanto de eso eran su representante Jorge Cyterszpiller y su entrenador Miguel Ángel López. El Zurdo se encargó de acercar un ejemplar de La Razón a la concentración en el Torre Hotel de Chacarita. Vaya casualidad que Diego se lo encontró. Y, más todavía, que Cyterszpiller le hizo algunos comentarios al respecto… La respuesta de Diego fue lacónica:

“- ¿Gordito? Le voy a dar ‘gordito’ a ese… Acordate, Jorge. Hoy le meto cuatro.”

Su amigo estaba incrédulo. Sabía del cansancio acumulado y de la fatiga de los viajes, y hasta tenía bien clara la solidez de la defensa boquense. Y quién sabe si le metía fichas o lo quería hacer entrar en razón. Pero Diego se mostraba impasible. Sin manifestar un ápice de cansancio o nerviosismo, insistía:

“- Le voy a meter cuatro”.

El estadio de Vélez era un hervidero en esa tarde de primavera. La tribuna de Argentinos estaba colmada de bote a bote, con decenas de miles de hinchas que sabían que asistían a ver al mejor Maradona. La parcialidad visitante también había llegado en buen número a Liniers, esperando que el equipo revirtiese la mala imagen que había dejado tras la caída por 4-1 ante Huracán en la semana. Por supuesto que Gatti buscó a Maradona para bajar el tono de sus declaraciones, decirle que fueron sacadas de contexto y quién sabe cuántas cosas más. Pero Diego ni lo registró. De haber sabido con quién se había metido...

Las cosas empezaron bien para Boca, ya que ganaba por 1-0 desde los 19’ tras un gol de penal de Ribolzi. Maradona, asediado por las marcas personales de Ruggeri y Abel Alves, no había entrado mucho en juego. Hasta que recibió una pelota en el área grande que pateó y Hugo Alves bajó con la mano. Loustau marcó la pena máxima y el propio Diego la embocó a los 21’, suave y a la derecha del arquero. Vendetta.

Cinco minutos después, Silvano Espíndola dio vuelta el partido de tiro libre tras un foul que recibió el Diez. Desde ese momento, se vio a un Rey Midas del fútbol: cada intervención maradoniana sería gol o salvada milagrosa del polemista Gatti. Poco importó el empate de Mario Zanabria. Apenas nueve minutos después, el capitán de Argentinos marcó el 3-2, tras clavar un impresionante tiro libre desde la izquierda en el palo derecho de un arquero distraído. Vendetta.

El entretiempo no cambió nada. Boca seguía desorientado y Diego estaba a sus anchas. A los tres minutos mató de pecho un largo cambio de frente de Pasculli en la puerta del área grande. Se aprovechó de un Gatti adelantado para definir ¿de zurda? ¿con un taco de billar? ¿practicando por si alguna vez tenía que enfrentar a Bélgica en las semifinales de un Mundial? Quién sabe... Cuatro a dos. Vendetta.

Con 42 minutos restantes en el cronómetro, todavía faltaba un gol para cumplir su promesa. Diego es hombre de palabra y no le gusta decepcionar a sus amigos. Y no iba a hacerlo esa tarde. Poco menos de quince minutos antes del pitazo final, se le estaba colando a la defensa rival para cumplir con su cometido. Hugo Alves le cometió un burdo penal cerca de la media luna. Loustau vio tiro libre (en lo que tal vez fue su único error en el partido) y Diego vio a un Gatti que -cuándo no- estaba hablando… Zurdazo al ángulo izquierdo. Cinco a dos. Vendetta consumada. Delirio en La Paternal. Todo el estadio aplaudiendo de pie al Diez de un Argentinos más puntero que nunca. Triunfo histórico (¿qué importaba el descuento sobre el final del flaco Gareca?). Y promesa cumplida.


Autor: Prof. Tomás Gonzalez Messina

Fuentes: El Gráfico (Edición especial 218, mayo de 2004) y Goles Match N° 1663 (10 de noviembre de 1980).

Foto: Goles Match N° 1663 (10 de noviembre de 1980).

Video con los goles.