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El fútbol de La Paternal hecho poesía

Un relato entrañable para recordar la consagración de Argentinos Juniors en la Copa Libertadores de 1985 que viene de la pluma de un “Bicho” villamercedino.

- El 24 de octubre es el día del hincha del Bicho – le digo a mi hija.

- ¿Tenemos un día, papi?

- ¿Y cómo no vamos a tener un día? si nosotros también tenemos una fecha que conmemorar, una fecha que nos identifica doblemente: el día que conquistamos América y a la vez le mostramos a todos cómo se juega en La Paternal. Cuando le mostramos al mundo entero que el fútbol de acá es poesía. Vení, sentate que te cuento:

”Fue en el año 1985. Bah, en realidad, empezó en el 84. Ni vos ni yo habíamos nacido. Pero esto es una historia real, la más real de todas. ¿Te acordás que te conté una vez que D10S, de chico, jugaba en canchas de barro y vestía una camiseta roja con una línea blanca? ¿Y que después cuando fue más grande le faltó un poquito para salir campeón con el Bicho?

- Sí, papi. El que se llamaba Pelusa.

- Ese mismo. Cuando Pelusa se fue hubo dos o tres años difíciles. En uno hasta lo mandamos al descenso a San Lorenzo. Pero en 1983 vino un señor que dijo que teníamos que jugar en una cancha más grande...

-¿Cómo se llamaba ese señor, papi?

-Don Ángel Amadeo Labruna… Y tenía razón. Armó un equipo que jugaba distinto, con ideas. Ya no era pelotazo y ver quien la agarraba. Era atacar, ir al frente, pedirla, pasarla, mirar al compañero y darle la pelota. Pero…

- Ufa…

- ¿Qué pasa, hija?

- Ahora viene lo malo…

- Triste más bien. Don Labruna se murió de repente y no pudo ver el fruto de sus ideas. Entonces llegó Roberto Saporiti para hacerse cargo del equipo. Así empezaron a picar de lo lindo y salieron campeones de Primera División en 1984. Y antes de que me preguntes: sí, otro día te cuento esa historia. Salir campeones, con esa clase de juego que era identidad de La Paternal, nos dio la oportunidad de jugar la Copa Libertadores del 85 con José Yudica en la dirección técnica. Y acá es donde verdaderamente comienza esta historia...

”Empezamos mal, perdiendo 1 a 0 con Ferro, el otro equipo que había salido campeón en el 84, y después nos fuimos a Brasil. ¡Qué lindo quilombo! No te das una idea de lo que jugaban los brasileros… encima fueron dos partidos seguidos. El primero fue con el Vasco da Gama y después con el Fluminense en el Maracaná. Pero el Bicho querido picó fuerte, porque había que sacar el pecho y mostrar cómo se juega al fútbol: con elegancia y compromiso. Y los ganamos: 2 a 1 y 1 a 0. Después les tocó venir para acá y con el Vasco fueron pardas, 2 a 2. En medio de eso había que ganarle como sea a Ferro, y nos impusimos en su cancha 3 a 1. Una semana después le ganamos al Flu 1 a 0. Había que desempatar con el Verde para pasar a la semifinal.

- Uh… ¿y qué pasó, pa?

- ¿Y qué va a pasar, hija? Entre Borghi y Ereros metieron 3 goles. No me acuerdo quien metió el gol de los de Caballito. Pero Borghi hizo 2 y Ereros 1.

”En la Semifinal nos tocó con Blooming de Bolivia y el Rojo de Avellaneda, el Independiente campeón Intercontinental con Bochini, Burruchaga y Marangoni. El primer partido con el Rojo salió 2 a 2 y a los tres días empatamos 1 a 1 en Bolivia. A la vuelta le ganamos al Blooming 1 a 0 y teníamos que ganarle sí o sí al Diablo para pasar a la final. ¡Y qué partidazo!

”En un corner, Goyén -el arquero de Avellaneda- sale a cruzar al Nene Commisso que lo primerea de cabeza. Entonces Clausen se tira para sacarla con la mano y… ¡penal! El Panza Videla lo va a patear, camina con total tranquilidad y con la derecha la manda suavemente al fondo. Minutos después, el Pepe Castro agarró un rebote y, sin ángulo, convirtió el 2 a 0. Independiente descuenta y a los 44 minutos del segundo tiempo le dan un penal. Marangoni, un especialista en penales, quería vestirse de héroe...pero del otro lado se encontró con uno que sí estaba iluminado esa noche. Nuestro Quique Vidallé abrazó la pelota al igual que un padre abraza a su hija.,, ¡Estábamos en la final!

”Entonces nos toca jugar con el América de Cali. El primer partido se juega en la cancha de River y lo ganamos 1 a 0 con gol de cabeza del Nene Commisso. Después nos tocó perder en Cali con gol de Willington Ortiz.

Mi hija suspira. Su boca de cinco años forma una “O” grandota y se lleva las manitos a los cachetes. Sé que su mente la está llevando en un viaje en el tiempo, y que los dos pasamos de estar en Argentina en 2018 a Asunción del Paraguay en 1985.

- Había que desempatar. La “final final” en Paraguay. El 24 de octubre de 1985, Don José Yudica puso a Vidallé, Villalba, Pavoni, Pellegrini, Domenech, Commiso, Olguín, Batista, Corsi, Videla y Borghi. Un partido duro, donde se notaba el cansancio de todos. El Bicho lo empezó ganando con gol del Nene Commisso y el Tigre Gareca lo empató para los caleños. Todo eso en el primer tiempo. En el segundo no hubo cambios en el marcador ni tampoco en el suplementario. Entonces… ¿te acordás que pasa en las finales cuando están empatados?

- Sí, los penales, papi.

- Exacto. Íbamos 4 a 4. El último penal del América, lo patea De Ávila y Quique Vidallé se lo ataja. Un mostro en esos momentos, como ya lo había demostrado contra Independiente. Y entonces el árbitro hace sonar el silbato y dice que ganamos, pero en realidad íbamos 4 a 4 y nos faltaba patear.

”Después de unos minutos de demora por esa pequeña confusión del árbitro, el Panza Videla, el hombre más tranquilo cuando los nervios se sienten hasta en el aire, fue a patearlo. Desde el centro de la cancha hasta el área quién sabe en que habrá estado pensando. ¿En su familia? ¿A qué palo patear? ¿Rezaba? Eso no lo vamos a saber nunca pero sí, porque se notaba, que estaba tranquilo. Del otro lado, Falcioni, a quien que seguro le recordaron el penal que el Panza había pateado a Goyén. Seguro. Por eso cuando Videla encaró a la pelota, Falcioni se tiró a su derecha; y la pelota fue rapidita al otro lado, una pelota que desató la euforia de todo un equipo, y la hinchada, y…

El nudo en la garganta me impide seguir el relato. Mi hija y yo estamos en el Defensores del Chaco y nos abrazamos con los ojos cerrados. Cuando los abrimos de nuevo estamos sentados en el sofá de una casa perdida en medio de la Argentina. Trago saliva, agarro fuerza y le digo:

- Ese equipo, hija, es poesía. Nunca habrá otro equipo que sea poesía porque verlo a Ereros y Castro tirar una pared en la puerta del área del Maracaná y mandarla adentro, o al Bichi robar una pelota, pasar entre el arquero y un defensor, y desde el fondo, pegado a la línea del fin, rematar ciego como acto de fe que la pelota va a entrar al arco o a Videla, a Mario Videla, el hombre más tranquilo del mundo, patear un penal... Eso es poesía, hija, y el 24 de octubre festejamos el fútbol de La Paternal hecho poesía.

Autor: Gerardo van Junker